Barroco III
Cocuyo es todo él una simulación. Es en la idea del travesti, rasgo barroco, donde se va articulando la obra, “hay un travesti constante en mi literatura”, dice Sarduy. En esa metamorfosis sin límite es donde comienza el juego, pues éste no copia, sólo simula, olvidándose de su modelo.
Se precipita a una persecución de una irrealidad infinita donde el devenir no es mimesis sino el deseo de encontrar la zona de indiferenciación. Se elimina la oposición binaria entre hombre y mujer, se hace como que. Es él y esa. “El cuerpo se le convirtió en algo indiferenciado, confundido con el fango y de su misma textura. Sólo le faltaba dejar de respirar y de pensar para identificarse para siempre con el cieno” (Sarduy Cocuyo 192). Cocuyo es hipertélico, ese camuflaje propio de la teatralidad animal que es desaparición y pérdida ficticia de la individualidad.
Los monumentos hormonales de la cultura de masas, como la Chicholina, o Madonna o Marta Sánchez, o Marilyn,
o Susana Giménez, o Zsa Zsa Gabor, o Loni Anderson, son, en el sentido de una sexualidad hipertélica, travestis. Toda
mujer, presumiblemente, que sea bild de la cultura de masas, es
travesti. (Gómez 5)
Cocuyo asexuado, deviene niño-mujer-animal-asesino. No es villano ni héroe, “no tiene nada, ni estatus, ni propiedades, ni siquiera lengua propia con la cual identificarse, (los liminales) son invisibles, ambiguos y neutros” (Turner 110). Es como si por él pasaran todas las velocidades en un agenciamiento múltiple infinito. Deviene transversal a la identidad y al mismo tiempo comienza la lucha por eliminar su cuerpo, uno enfermo y corroído. Lo que quiere es des-existir, ya no se siente, es algo ajeno, “o era su propio cuerpo el que había cambiado por otro, como si estuviera habitado por otro” (Sarduy Cocuyo 153).
Nos divertimos con su pérdida, él mismo se ríe de su cuerpo de imágenes sin orden porque cuando comienza a desaparecer inicia nuevamente su trayecto sobre las ruinas que la herida de muerte del torbellino dejó. No hay final de la fuga, porque lo que hace Cocuyo es simular la vida, ensayar una liberación de sí mismo, pero por sobre todo, convertirse en un real problema para aquellos (galenos) que lo persiguen: el poder. Cocuyo es lo que molesta al poder.
Bibliografía.Sarduy, Severo. Cocuyo. Barcelona, España, Tusquets, 1990.
Gómez, Martín. “Soy una mujer normal”. Artículo extraído de
la página: http://www.henciclopedia.org.uy/autores/Gomezchans/Mujernormal.htmTurner, Victor. El proceso ritual. Madrid, Taurus, 1988.



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