Thursday, June 19, 2008

Otros modos de pensar

“Un verdadero viaje de descubrimiento no es el de buscar nuevas tierras sino tener un ojo nuevo” (Marcel Proust)




Trabajo en desarrollo

Realizar un ejercicio de lectura y escritura donde, efectivamente, “otros modos de pensar son posibles” para la literatura latinoamericana es lo que nos convoca. A partir de la religiosidad africana, y en los espacios conjurados de la poesía de Gabriela Mistral, proponemos imaginar nuevas formas de pensamiento como herramientas de exploración de textos que nos lleven, en el mejor de los casos, a desplazarnos sobre territorios más fluidos, dinámicos y multidimensionales. En ese sentido, nos referimos a una conciencia universal que nos plantea los lineamientos de una comunidad y un saber ancestral por sobre los conceptos estéticos de la Negritud o el negrismo, por ejemplo[1].

A lo largo de este ejercicio ingresaremos a distintos niveles para acercarnos a los espacios que contienen algunos de los aspectos más relevantes de la religiosidad africana. De esa forma vamos aprehendiendo la forma en que ésta se desplaza en América cuando comienza la trata de esclavos desde África. Las estrategias de resistencia, al respecto, logran reactivar en suelo ajeno el poder de los ancestros. En ese momento el nommo comienza a fluir. Es decir, hace obrar el ubwenge, la inteligencia habitual[2], para producir cosas a través de la palabra. Se trata de una experiencia hologramática que huye de la idea del skokian de Malinowski, que intenta reactivar lo que allí hay de ancestral y cómo desde allí el ubwenge se relaciona con sus partes.

Janheinz Jhan, en su obra Muntu. Las culturas neoafricanas, proyecta una idea que nos interesa. Expone que la filosofía africana da a la palabra una significación que le es propia a otras culturas, aunque solamente en su poesía (Jhan 186). En ese sentido, podemos decir que no es necesario que Lucila Godoy Alcayaga se autodefina como afrodescendiente para participar de la experiencia del nommo (palabra). Creando, fluyendo, recreando las imágenes que se vuelven vitales en su poética. El hecho de ser afrodescendiente[3], entonces, resulta sugerente en este caso; sin embargo, interesa en tanto también es ella, poeta.

Precisamente, a partir del trabajo de Jhan sobre el pensamiento africano, extraemos algunos puntos centrales sobre el nommo con la idea de proponer una herramienta de lectura y escritura que nos permita acceder a aquellos espacios que quedan por descubrir en la literatura. Las relaciones que establecemos, entonces, obedecen al pensamiento que Edgar Morin comparte en su concepto de Naturaleza como aquella “…extraordinaria solidaridad de sistemas encabalgados, edificándose los unos sobre los otros, por los otros, con los otros, contra los otros: la Naturaleza son los sistemas de sistemas, en rosario, en racimos, en pólipos, en matorrales, en archipiélagos” (Morín).


[1]Esto está íntimamente relacionado con lo expuesto por Quince Duncan cuando propone hablar de Afrorealismo para consignar aquellas obras que realizan una subversión africanizante del idioma y no acusan referentes occidentales o del “mainstream”. A partir de Nicolás Guillén, el ritmo y la terminología africana, dejan de ser elementos decorativos de nuestra literatura latinoamericana, aunque los críticos no se hayan percatado de ello. Él inicia esta corriente desde la perspectiva intra étnica, la visión desde adentro. Motivos del Son constituye una de las más grandes revoluciones en las literaturas hispánicas (Duncan artículo 2).

[2] Hablamos aquí de la sabiduría y no de la astucia.

[3] El sacerdote Gerardo Papen, en su pequeña obra “Una campesina llamada Lucila de María (Gabriela Mistral y su origen familiar)”, realiza un estudio de los antepasados de la poeta. Cuenta Papen que con el objeto de ayudar a algunas familias campesinas del Valle de Huasco, “acomplejadas por llevar apellidos indígenas”, comenzó a indagar en los libros de las Iglesias de la Diócesis de Copiapó para analizar junto a ellas sus orígenes. Es durante dicha tarea que se encuentra con los apellidos Godoy y Alcayata lo que motiva hacer el estudio señalado. “Descubrí que la mayoría descendía de los primeros habitantes de Chile (antes de la llegada de los españoles) y algunos descendían de los esclavos negros traídos desde África” (Papen 5).

En efecto, la investigación del sacerdote establece que del lado paterno, los Godoy descienden de africanos y diaguitas, mezclados con españoles. “Gabriela desciende de estos tres grupos humanos” (Papen 8). De manera más específica, se explica allí que el abuelo de la poeta, Gregorio Godoy, “natural de Huasco” es hijo legítimo de Pedro Pablo Godoy y Josefa Barraza. “Pedro Pablo (Joseph) era “mulato libre, y fue bautizado el mismo día que un hermano suyo, mulato libre, hijo legítimo de Antonio Godoy y Josefa Paredes, en la Iglesia de Ntra. Sra. de la Purísima Concepción de Huasco Alto)…”(Papen 18). Un poco más atrás en la línea paterna, se establece que el bisabuelo de Gabriela, Tomás Godoi, era hijo de Juana Godoy y N.N (…) mulato y esclavo natural del Valle de Elqui” (Papen 19).

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