Saturday, June 24, 2006

Harmolodic II

Lihn como sujeto liminal está muerto y goza la muerte por la escritura que no es más que “…la puesta en marcha de un ritual”(Nota 1).

Somos modernos o posmodernos, en parte o totalidad, no por capricho sino por fatalidad, dice Niall Binns. Aclarar y problematizar sobre el origen y significación de dichos conceptos se presenta como un esfuerzo inútil, hoy por hoy, en que la transdisciplina nos obliga a hablar más de la posmodernidad que sobre ella. Preguntar para hacer ver más que para encontrar una guía de acción (Sarlo 10). De alguna manera, quienes erigen su discurso desde Latinoamérica para Latinoamérica, como Nelly Richard propone, se encuentran precisamente en esa no menos confusa situación liminal de estar sobre dos aguas y en perfecta caída libre.
Pero exploremos el concepto (liminae) retomado de los trabajos de Arnold Van Gennep, a partir de los estudios que Víctor Turner describe en su obra El proceso ritual. Los ritos de paso incluyen tres fases. Separación, que es una conducta simbólica que significa la escisión de la persona o grupo de su anterior situación dentro de la estructura social, cultural o política, el estado liminal (Nota 2) o margen que se refiere al estado del sujeto del rito donde no tiene ningún atributo del estado pasado ni del venidero, y por último, la fase de agregación donde el paso ya se ha consumado (Turner 104).
Lihn fue hacia una pérdida. Entre los años cuarenta y ochenta del pasado siglo, momento de la denominada tercera etapa de nuestra modernidad ( ¿o siempre hemos sido posmodernos?) su discurso fue hacia un devenir caos, agotamiento. Hacia una finitud entera que parece ser la clave para entender porqué quedó en una especie de limbo, donde su crítica literaria parece descentrarse de su obra y donde su obra baila con sujetos dislocados.
Siempre le costó erigir referentes válidos, y esta misma ausencia es uno de los factores que lo llevarán a una futura escisión. Lihn sostuvo una relación intertextual en lucha con los procesos y creadores precedentes; más que eso, cuestionó sus propios límites. Hay allí una inquisición al saber institucionalizado que como pater moderno le entrega un caleidoscopio de visiones de mundo que él utiliza para disfrazar lo que en él ya hay de disfraz. Y comienza la tensión-traición entre la situación anterior plagada de grandes relatos, mitos religiosos, y una que se adviene plena de contradicciones tanto políticas como sociales. En Nada se escurre y Poemas de este tiempo y de otro, por ejemplo, hay un sujeto centrado, moderno en su resistencia a las sombras y a la contingencia (Foxley 34). Sin embargo, en el segundo libro ya comienzan a aparecer esbozos de un marginal que disloca los supuestos cognoscitivos y que más tarde lo llevaran a una fase de separación ritual. Va perdiendo y se va quedando, y su crítica es tremendamente reflexiva y su obra profundamente obsesiva.
Lihn va hacia una pérdida, repito, hacia el desconsuelo total de un discurso histórico incierto, una nación contenedora que muestra inestabilidad, una autoridad que remite dudas y una desconfianza en los modelos tradicionales que lo llevan al descrédito de su quehacer literario. Todos desencantos propios de la posmodernidad y que fomentan hacer uso de otras disciplinas para labrar un discurso. El liminal es, fundamentalmente, aquel que cambia de estado, en este sentido, Lihn tuvo que dejar de ser para convertirse en otro. "Nada es bastante real para un fantasma", dice el sujeto en “La pieza oscura” (Lihn 31), porque ahora su situación es la de un muerto, “no tiene nada, ni estatus, ni propiedades, ni siquiera lengua propia con la cual identificarse, (los liminales) son invisibles, ambiguos y neutros” (Turner 110).
Con Poesía de Paso hasta Diario de Muerte, Lihn no deja de deambular como fotografía velada exhibiendo su “no lugar”, escribiendo una imagen fragmentada y escindida, transitoria. No hay pasado ni futuro, es un desplazamiento que deja sólo segundos para unos flash back de imágenes de experiencias ocasionales. Aquella imagen del mundo se convierte en un pastiche y sus significados en mutantes. Los hechos en sí ya no prevalecen, sino que son destellos o experiencias provisorias en tensión con la modernidad. Jameson define la literatura posmoderna como una literatura esquizofrénica, imposibilitada de articular un lenguaje temporal estable e incapaz de seguir un hilo de continuidad. Y como está imposibilitado de experimentar la temporalidad y relacionar el pasado y el futuro con el presente, no tendrá noción de identidad personal (Jameson en Xibillé 60). El fantasma lihneano está condenado a vivir en un presente perpetuo. No hay progreso en la escritura, no hay linealidad, el hablante lírico deviene en muerte, “me miro en el espejo y no veo mi rostro. He desaparecido…y soy mi propia ausencia frente a un espejo roto” (Lihn Porqué escribí 24).
Notas.-


(1) "A ritual is a stereotyped sequence of activities ... performed in a sequestered place, and designed to influence preternatural entities or forces on behalf of the actors' goals and interests."(Turner par5)

(2) Así podemos apreciar las características de la liminalidad:

a. Estar entre-medio: Se refiere a la condición de estar fuera de los acuerdos estructurales de un sistema social dado permanentemente y por atribución.
b. El individuo liminal se mueve hacia un status superior,
c. Está en una posición de inferioridad estructural.
Bibliografía.
Lihn, Enrique. Porque escribí. Santiago
de Chile, Fondo de Cultura Económica, 1995.
__________ . La República Independiente de Miranda. Buenos Aires, Argentina, Editorial Sudamericana, 1989.
Sarlo, Beatriz. Escenas de la vida posmoderna. Buenos Aires, Argentina, Espasa Calpe, 1994.
Turner, Victor. El proceso ritual. Madrid, Taurus, 1988.
Xibillé, Jaime. “Postmodernidad y Vanguardia. Situación postmoderna del monumento y el ornamento”. Revista de Semiótica Literaria Con-Textos Nº 11. Medillín, Colombia, Universidad de Medellín, Facultad de Ciencias de la Educación.

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